EPÍSTOLA DE AMARILIS A BELARDO (II PARTE)
ESTROFA 13
Amarilis ya ha brindado la información personal suficiente como para que Belardo pueda conocerla, y saber cuánto lo admira. Siempre con actitud humilde, la poetisa reitera su rendida admiración y siente que es un honor el haber podido por lo menos de esta manera darse a conocer, con esto ella ya se considera bien pagada aunque le preocupa despertar celos en un personaje al que nombra “Celia”.
ESTROFA 14
Amarilis no quiere causar incomodidad ni en Belardo ni en Celia. Reconoce que Belardo es admirado por más de una mujer y él, en su naturaleza de hombre y artista ha cantado versos de amor a más de una. Ella solo entiende en parte este amor humano, pues su mundo está más cerca a temas “celestiales” y sublimes.
ESTROFA 15
La epístola va terminando con una despedida donde la poetisa reitera su actitud de humildad ante el talento de Belardo, y ya el haberse permitido develar su corazón hace que se sienta feliz. Aunque sabe que el poeta no lo necesita, le desea bendiciones divinas y riquezas humanas también.
ESTROFA 16
El talento del poeta es indescifrable y por ello él ha sido escogido para concederle un favor a esta osada mujer, porque aunque sabe que se arriesga a no recibir respuesta, ha aprendido que a quien pide se le dará (afirmación casi bíblica).
ESTROFA 17
Amarilis ya nos ha hablado sobre su hermana y puede descubrirse la relación cercana que hay entre ellas. Ambas son creyentes y sienten devoción por una Santa (Virgen Dorotea) a quien al parecer, nadie ha sido capaz de dedicarle unos versos…Belardo es el elegido, nadie con mejor inspiración y don de escritor que él.
ESTROFA 18
Escribir también puede constituye un acto heroico en la medida que hace falta valentía para “lanzarse” a competir con grandes talentos. Las ideas no siempre fluyen con la facilidad que creemos, por tanto, ante quien sí goza de tal aptitud, lo menos que un alma humilde puede hacer es admirarla y agradecer el ser escuchada a pesar de la simpleza de sus expresiones.
ESTROFA 19
Ahora sí la poetisa se despide y así como cuando uno evalúa y asume las consecuencias de sus actos, Amarilis sabe que ha sido bastante osada en atreverse a enviar una epístola tan extensa y tan transparente, más aún en aquella época en donde este proceder podía “costarle” muy caro. Amarilis ha develado su alma, su corazón y su mente ante un “desconocido” a quien “no ve” y la lastima, pero termina con la satisfacción de haber declarado este “amor dificultoso” tan especial, único y sublime que no necesita de la cercanía física para existir…. tan solo de una rendida admiración.